{"id":2063,"date":"2009-03-16T00:00:00","date_gmt":"2009-03-16T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/localhost\/wordpress\/2009\/03\/spanish-colombia-%c2%bfuna-politica-de-seguridad-consolidada-o-puesta-a-prueba\/"},"modified":"2009-03-16T00:00:00","modified_gmt":"2009-03-16T00:00:00","slug":"spanish-colombia-%c2%bfuna-politica-de-seguridad-consolidada-o-puesta-a-prueba","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.transcend.org\/tms\/2009\/03\/spanish-colombia-%c2%bfuna-politica-de-seguridad-consolidada-o-puesta-a-prueba\/","title":{"rendered":"(SPANISH)   COLOMBIA: \u00bfUNA POL\u00cdTICA DE SEGURIDAD CONSOLIDADA, O PUESTA A PRUEBA?"},"content":{"rendered":"<p>I .- EL ORDEN POL&Iacute;TICO INTERNO Y LA POL&Iacute;TICA DE SEGURIDAD DEMOCR&Aacute;TICA (PSD)<\/p>\n<p>Introducci&oacute;n<\/p>\n<p>No cabe duda de que, en Colombia, la Pol&iacute;tica de defensa y seguridad democr&aacute;tica fue el resultado de la confluencia de diversos factores, dentro de los cuales cabe se&ntilde;alar : <\/p>\n<p>(1)&nbsp; el agotamiento de la apuesta de la opini&oacute;n p&uacute;blica por el experimento de la negociaci&oacute;n, luego del fracaso de los di&aacute;logos de San Vicente del Cagu&aacute;n, <\/p>\n<p>(2) el fortalecimiento relativo de la capacidad de respuesta del Estado, gracias al proceso de modernizaci&oacute;n de la Fuerza p&uacute;blica iniciado durante el gobierno Pastrana y reforzado con los recursos del Plan Colombia primero y el impuesto extraordinario de 2002, y <\/p>\n<p>(3) la formaci&oacute;n de un gran consenso pol&iacute;tico general, que le permiti&oacute; al Gobierno disponer de importantes vol&uacute;menes de liquidez pol&iacute;tica que se tradujeron en una &oacute;ptima gobernabilidad, por ejemplo, en el frente congresional.<\/p>\n<p>A ello cabe a&ntilde;adir el liderazgo fresco y renovador encarnado en el presidente &Aacute;lvaro Uribe V&eacute;lez y la forma en que, desde el principio de su administraci&oacute;n, pareci&oacute; perfilarse por primera vez la decisi&oacute;n de darle al esfuerzo militar y policial en la lucha contra las organizaciones armadas ilegales (a cargo de la Fuerza p&uacute;blica), una orientaci&oacute;n pol&iacute;tico-estrat&eacute;gica al m&aacute;s alto nivel (a cargo del propio Presidente y su equipo de gobierno). &nbsp;<\/p>\n<p>Con la posterior reelecci&oacute;n del presidente Uribe se resolvi&oacute; adem&aacute;s uno de los problemas end&eacute;micos del pa&iacute;s en materia de seguridad : la falta de continuidad, y en consecuencia, tambi&eacute;n tendi&oacute; a disminuir la improvisaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Todos estos elementos constituyen el conjunto de factores pol&iacute;ticos internos que hicieron posible el dise&ntilde;o, implementaci&oacute;n y ejecuci&oacute;n de la Psd. &nbsp;<\/p>\n<p>En esta primera parte, el presente trabajo analiza las condiciones pol&iacute;ticas actuales del pa&iacute;s y trata de identificar algunos factores que, derivados de ella, podr&iacute;an condicionar en el corto y mediano plazo, la sostenibilidad y la continuidad de la Psd.<\/p>\n<p>Elementos de an&aacute;lisis<\/p>\n<p>A .- La ruptura del consenso (1).&nbsp; El gran consenso pol&iacute;tico inicial en relaci&oacute;n con la necesidad de hacer los esfuerzos para que el Estado recuperara la iniciativa estrat&eacute;gica en el campo militar y por lo tanto, para que recuperara su capacidad de anticipaci&oacute;n y contenci&oacute;n frente al envite de los grupos armados ilegales parece haberse diluido paulatinamente. &nbsp;<\/p>\n<p>Si en 2002 parec&iacute;a clara en la opini&oacute;n p&uacute;blica la opci&oacute;n por la v&iacute;a militar, no con la expectativa de la derrota y la eliminaci&oacute;n, sino como mecanismo para forzar al di&aacute;logo serio y comprometido (imposible en condiciones de fortaleza como las que disfrutaban las Farc en los tiempos de San Vicente del Cagu&aacute;n), hoy empieza a crecer significativamente la tendencia a exigir intentos de nueva negociaci&oacute;n. &nbsp;<\/p>\n<p>El movimiento de &ldquo;Colombianos por la paz&rdquo; &mdash;que tanto protagonismo ha tenido los &uacute;ltimos meses&mdash; es s&oacute;lo una prueba de ello, pero no la &uacute;nica :&nbsp; la opini&oacute;n p&uacute;blica podr&iacute;a mostrarse cada vez m&aacute;s dispuesta a ensayar la negociaci&oacute;n antes que a mantener el esfuerzo (presupuestal y humano) que implica la estrategia de anticipaci&oacute;n militar.<\/p>\n<p>B .- La ruptura del consenso (2).&nbsp; Por otro lado, un factor emergente que dificultar&aacute; plausiblemente la gobernabilidad durante el pr&oacute;ximo a&ntilde;o tiene que ver con la disputa por la sucesi&oacute;n del presidente Uribe. &nbsp;<\/p>\n<p>En caso de que no se configure la hip&oacute;tesis de la reelecci&oacute;n, habr&aacute; que esperar a ver que tanta solidez alcanza a tener la f&oacute;rmula de la &ldquo;gran coalici&oacute;n&rdquo; (Conservadores+U+Cambio Radical). &nbsp;<\/p>\n<p>En caso de que la reelecci&oacute;n se produzca, un tercer gobierno de Uribe dispondr&iacute;a, en todo caso, de mucha menor liquidez frente a la clase pol&iacute;tica (en la que m&aacute;s de un aspirante a la sucesi&oacute;n considerar&iacute;a frustradas sus expectativas arbitrariamente), y a ello cabr&iacute;a a&ntilde;adirle el efecto colateral derivado del agotamiento tras 8 a&ntilde;os de gobierno.<\/p>\n<p>C .- El gran tema.&nbsp; Sobre semejante escenario campea el que sin duda ser&aacute; el gran tema de la agenda p&uacute;blica en materia de seguridad &mdash;una vez m&aacute;s&mdash; durante los pr&oacute;ximos meses, y que quiz&aacute; adquirir&aacute; mayor relevancia a medida que se aproxime el proceso electoral de 2010, ser&aacute; el del intercambio humanitario.<\/p>\n<p>En efecto, es muy posible que ese tema se convierta en el gran clivaje pol&iacute;tico alrededor del cual se alineen y configuren las distintas fuerzas pol&iacute;ticas y grupos de presi&oacute;n. &nbsp;<\/p>\n<p>Por lo tanto, el gobierno colombiano tendr&aacute; siempre presente que, a menos que ofrezca resultados contundentes que rebajen las expectativas de la opini&oacute;n frente a los beneficios eventualmente derivados de un &ldquo;intercambio&rdquo;, la presi&oacute;n social por lograrlo continuar&aacute; creciendo y no ser&aacute; desaprovechada por plataformas que no son completamente ajenas a intereses pol&iacute;ticos, como &ldquo;Colombianos por la paz&rdquo;.<\/p>\n<p>D .- Algunos condicionantes objetivos.&nbsp; Por otro lado, el escenario pol&iacute;tico en relaci&oacute;n con la Psd podr&iacute;a verse afectado por otro tipo de condicionantes de car&aacute;cter m&aacute;s o menos objetivo y frente a los cuales el Gobierno dispondr&aacute; de un margen de acci&oacute;n relativamente limitado. &nbsp;<\/p>\n<p>Dentro de ellos deben destacarse, especialmente, el impacto de la crisis econ&oacute;mica mundial, por un lado, y por el otro, el cambio leve (pero no por ello deleznable) que pueda producirse en los t&eacute;rminos de cooperaci&oacute;n con los Estados Unidos, ahora que la guerra contra el terrorismo parece haber dejado de ser el discurso dominante en la pol&iacute;tica exterior y de defensa de Washington.<\/p>\n<p>Conclusi&oacute;n (1)<\/p>\n<p>Son cuatro los factores que podr&iacute;an afectar la continuidad de la Psd.&nbsp; Algunos de ellos son eminentemente internos, y otros est&aacute;n condicionados externamente. &nbsp;<\/p>\n<p>Dentro del primer grupo se incluye la p&eacute;rdida de consenso en torno a la validez de la opci&oacute;n de anticipaci&oacute;n y contenci&oacute;n militar que la Psd encarna, as&iacute; como la incertidumbre en cuanto a la sucesi&oacute;n del presidente Uribe. &nbsp;<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n debe incluirse en este grupo la creciente importancia que el tema del intercambio humanitario ir&aacute; adquiriendo y la forma en que la explotar&aacute;n algunos actores. &nbsp;<\/p>\n<p>Por &uacute;ltimo, la recesi&oacute;n mundial y los ajustes en la pol&iacute;tica exterior de los Estados Unidos, condicionar&aacute;n tambi&eacute;n, de manera cada vez m&aacute;s sensible, la sostenibilidad de la Psd.<\/p>\n<p>II .- EL ENTORNO REGIONAL Y LA PSD<\/p>\n<p>Introducci&oacute;n<\/p>\n<p>Dif&iacute;cilmente puede soslayarse el hecho de que desde hace una d&eacute;cada o m&aacute;s la problem&aacute;tica de seguridad interna de Colombia ha dejado de ser un asunto puramente interno para adquirir una notoria y cardinal dimensi&oacute;n internacional.<\/p>\n<p>Lo anterior es resultado no s&oacute;lo de fen&oacute;menos objetivos que han llevado a una mayor y creciente visibilizaci&oacute;n de la problem&aacute;tica (entendida como conflicto armado o amenaza terrorista) en la agenda internacional. &nbsp;<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n es consecuencia de decisiones deliberadas (como por ejemplo, la ratificaci&oacute;n del Estatuto de Roma) a trav&eacute;s de las cu&aacute;les el Gobierno nacional ha buscado crear incentivos o constricciones que afecten la voluntad de lucha y confrontaci&oacute;n de las organizaciones armadas ilegales o reforzar su legitimidad dentro de la comunidad internacional. &nbsp;<\/p>\n<p>Y no menos influencia ha tenido en este proceso la transnacionalizaci&oacute;n &mdash;entendida como desbordamiento fronterizo&mdash; de algunas de las din&aacute;micas asociadas con la seguridad interna del pa&iacute;s (ya sea la lucha contra el narcotr&aacute;fico, el desplazamiento, o la actividad predatoria de las organizaciones armadas ilegales).<\/p>\n<p>A todo ello cabe a&ntilde;adir dos elementos adicionales :&nbsp; primero, el hecho de que en Ecuador y Venezuela se hayan aparentemente consolidado reg&iacute;menes pol&iacute;ticos de orientaci&oacute;n ideol&oacute;gica si no opuesta por lo menos divergente del r&eacute;gimen colombiano, que ya sea por negligencia o por franca (aunque soterrada) simpat&iacute;a, no han puesto su parte en la lucha contra las organizaciones armadas ilegales que operan en Colombia y que con frecuencia emplean su territorio, en la zona de frontera, como santuario. &nbsp;<\/p>\n<p>Y segundo, el hecho de que diversos incidentes (como la Operaci&oacute;n F&eacute;nix, del 1 de marzo del 2008) han generado nuevas fuentes de perturbaci&oacute;n en algunos casos (como Ecuador) no superadas todav&iacute;a, que erosionan a&uacute;n m&aacute;s el escenario y las posibilidades de una fluida cooperaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Elementos de an&aacute;lisis<\/p>\n<p>A .-&nbsp; La situaci&oacute;n con Venezuela.&nbsp; Si anta&ntilde;o el r&eacute;gimen chavista pudo ser considerado como el gran perturbador externo de la situaci&oacute;n colombiana, las relaciones con Caracas han tendido a la normalizaci&oacute;n, incluso en medio de un escenario caracterizado por el recelo y la mutua desconfianza. &nbsp;<\/p>\n<p>Las oportunas medidas de denuncia y desvelamiento de posibles nexos de los c&iacute;rculos chavistas m&aacute;s estrechos con las Farc, han obligado a Ch&aacute;vez a adoptar una posici&oacute;n m&aacute;s prudente, menos desafiante, aunque no por ello m&aacute;s dispuesta a la colaboraci&oacute;n eficaz.<\/p>\n<p>En el futuro inmediato, el pragmatismo se impondr&aacute; en las relaciones binacionales.&nbsp; De hecho, al Gobierno colombiano no le conviene agitar las relaciones con Venezuela por razones pol&iacute;ticas o de seguridad, a menos que sea imperativamente necesario, y en cualquier caso, tiene siempre presente tanto las aspiraciones geopol&iacute;ticas de Ch&aacute;vez a nivel regional, como la latente intenci&oacute;n de las Farc de emplear a Ch&aacute;vez como instrumento para deslegitimar la Psd por la v&iacute;a de una eventual intervenci&oacute;n suya en el tema del intercambio humanitario. &nbsp;<\/p>\n<p>Ch&aacute;vez, a su vez, ha aprendido que alinearse con las Farc no es nada redituable ; que una buena relaci&oacute;n con Colombia es vital para el comercio transfronterizo, y que de ello &mdash;en tiempos de crisis global&mdash; depender&aacute; en buena medida su propia gobernabilidad.<\/p>\n<p>B .-&nbsp; La situaci&oacute;n con Ecuador.&nbsp; Menos claro es el escenario con Ecuador.&nbsp; Es poco probable que las relaciones diplom&aacute;ticas plenas se restablezcan en el mediano plazo, sobre todo ante una eventual prolongaci&oacute;n del mandato de los presidentes Uribe y Correa, para quienes la dial&eacute;ctica binacional es tambi&eacute;n personal. &nbsp;<\/p>\n<p>Mientras Ecuador mantiene sus inamovibles en ese aspecto, tiene que enfrentar, sin embargo, la carga de deslindarse tanto del narcotr&aacute;fico como de la &ldquo;farcofilia&rdquo; que se han puesto en evidencia recientemente. &nbsp;<\/p>\n<p>Como una cosa es declararse neutral, reivindicar el respeto a la soberan&iacute;a territorial, apelar al lenguaje de la dignidad, denunciar la falta de cooperaci&oacute;n de Colombia, etc., y otra muy distinta aparecer como contagiado o utilizado por los narcotraficantes o las Farc, resulta plausible que el gobierno de Correa, sin llegar a admitir la normalizaci&oacute;n de las relaciones, asuma una posici&oacute;n m&aacute;s flexible con Colombia, sobre todo en la medida en que ello pueda convenirle para asegurar su reelecci&oacute;n.<\/p>\n<p>C .- La situaci&oacute;n con Brasil.&nbsp; Entre tanto, todo parece indicar que las condiciones est&aacute;n dadas para una intensificaci&oacute;n de las relaciones con Brasil.&nbsp; A Brasil le conviene hacer un contrapeso a las pretensiones regionales venezolanas, y a Colombia, reducir el peso que tiene Venezuela en la agenda de su pol&iacute;tica exterior.&nbsp; Estos intereses coincidentes podr&iacute;an favorecer en el mediano plazo unas mayores oportunidades de cooperaci&oacute;n a la postre ben&eacute;ficas para ambos pa&iacute;ses.<\/p>\n<p>Conclusi&oacute;n (2)<\/p>\n<p>Aunque no puede caerse en la ingenuidad, el entorno regional inmediato parece haberse estabilizado relativamente. &nbsp;<\/p>\n<p>La cooperaci&oacute;n seguir&aacute; siendo un ideal y una tarea pendiente con Venezuela y Ecuador ; sin embargo, algunos niveles m&iacute;nimos pueden alcanzarse si se act&uacute;a con pragmatismo y si se mantiene la l&iacute;nea de firmeza en la denuncia de las complicidades y las negligencias. &nbsp;<\/p>\n<p>Por supuesto, para un gobierno como el colombiano, sigue siendo imperativo contener los riesgos de injerencia externa, en particular la que provenga de Caracas, y que pudiera ser provocada tanto por las Farc como por otros actores internos asociados al proyecto expansionista bolivariana. &nbsp;<\/p>\n<p>Entre tanto, una intensificaci&oacute;n de los v&iacute;nculos con Brasil parece constituir una prioridad estrat&eacute;gica, no s&oacute;lo en el frente comercial y energ&eacute;tico, por ejemplo, sino en funci&oacute;n de los intereses colombianos en materia de seguridad. <\/p>\n<p>III .- EL ENTORNO GLOBAL Y LA PSD<\/p>\n<p>Introducci&oacute;n<\/p>\n<p>Aunque la problem&aacute;tica de seguridad colombiana sigue siendo esencialmente interna, no puede negarse que al menos durante la &uacute;ltima d&eacute;cada ha sufrido un proceso de continua y creciente internacionalizaci&oacute;n y transnacionalizaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere a la internacionalizaci&oacute;n, &eacute;sta concierne al hecho de que, por un lado, ha aumentado la visibilizaci&oacute;n y proyecci&oacute;n internacional de la confrontaci&oacute;n armada entre el Estado colombiano y las organizaciones armadas ilegales, entre otras como consecuencia del escalamiento y el desbordamiento de la violencia experimentado durante la segunda mitad de la d&eacute;cada de los noventa y que s&oacute;lo en el &uacute;ltimo lustro ha empezado a remitir efectivamente. &nbsp;<\/p>\n<p>Por otro lado, la internacionalizaci&oacute;n tambi&eacute;n tiene que ver con la intenci&oacute;n de sucesivos gobiernos (Pastrana, Uribe), de enlazar la problem&aacute;tica de seguridad colombiana con algo que podr&iacute;a denominarse &ldquo;agenda internacional&rdquo;, ya sea mediante la intervenci&oacute;n externa (Onu, Ue, pa&iacute;ses amigos de diversos esfuerzos con las Farc y el Eln) o mediante su apalancamiento en temas como el terrorismo a nivel global.<\/p>\n<p>Adicionalmente, la internacionalizaci&oacute;n est&aacute; relacionada con una creciente interdependencia de la din&aacute;mica de seguridad interna con factores externos :&nbsp; el chavismo y su expansi&oacute;n a nivel regional, la lucha contra las drogas a nivel global, el r&eacute;gimen penal internacional, la crisis econ&oacute;mica global, entre otros.<\/p>\n<p>La transnacionalizaci&oacute;n afecta sobre todo a los pa&iacute;ses vecinos, como consecuencia del desbordamiento de los efectos de la problem&aacute;tica de seguridad y otras problem&aacute;ticas asociadas (principalmente el narcotr&aacute;fico y el tr&aacute;fico de armas) m&aacute;s all&aacute; de la frontera.<\/p>\n<p>En una entrega anterior se&nbsp; abord&oacute; el an&aacute;lisis de los factores del entorno regional inmediato que, en el futuro m&aacute;s pr&oacute;ximo, podr&iacute;an influir signficativamente en la sostenibilidad y continuidad de la Psd.<\/p>\n<p>Elementos de an&aacute;lisis<\/p>\n<p>A .- La dependencia norteamericana.&nbsp; La relaci&oacute;n colombo-estadounidense tiene un valor estrat&eacute;gico cardinal para Colombia.&nbsp; Y aunque no sea necesariamente vital, no carece de valor tambi&eacute;n para Estados Unidos. &nbsp;<\/p>\n<p>Y aunque la nueva administraci&oacute;n de Obama sea menos proclive a apoyar algunas iniciativas &mdash;como el tratado de libre comercio&mdash; en las que anta&ntilde;o insisti&oacute; tanto el gobierno Bush, ello no significa &mdash;y as&iacute; qued&oacute; demostrado luego del primer encuentro entre funcionarios de ambos gobiernos en Washington la semana pasada&mdash; que vaya a recortar nexos con Colombia, aunque los t&eacute;rminos de la colaboraci&oacute;n puedan a la larga ser reformulados.<\/p>\n<p>En el campo del lenguaje, Washington intentar&aacute; disminuir su abierta predilecci&oacute;n por Colombia, en un intento&nbsp; por limar asperezas y aproximarse a otros gobiernos latinoamericanos.&nbsp; En el fondo, la Casa Blanca sabe que si quiere recuperar Am&eacute;rica Latina, debe &ldquo;descolombianizar&rdquo; (en sentido relativo y abstracto mas no en el plano del realismo) sus relaciones con la regi&oacute;n.<\/p>\n<p>Los esfuerzos de Colombia en materia de seguridad dependen notoriamente de la cooperaci&oacute;n norteamericana.&nbsp; El Gobierno colombiano parece mostrarse preparado para una reducci&oacute;n en el volumen de esa cooperaci&oacute;n, no como consecuencia de un abandono, sino como reflejo, b&aacute;sicamente, de las limitaciones que Estados Unidos tendr&aacute; en materia fiscal como consecuencia de la crisis econ&oacute;mica, y por otro lado, por cuenta del agotamiento paulatino del modelo del Plan Colombia (lo que obligar&aacute; a innovar un nuevo esquema de cooperaci&oacute;n), y de la mayor presi&oacute;n para priorizar a M&eacute;xico en un tema hasta ahora neural para Colombia como la lucha antidrogas.<\/p>\n<p>B .-&nbsp; La Corte penal internacional.&nbsp; A mediados del 2009 la Corte penal internacional tendr&aacute; plena competencia en relaci&oacute;n con colombianos y con hechos ocurridos en Colombia, al vencerse el t&eacute;rmino de 7 a&ntilde;os previsto en el Estatuto de Roma, y del cual hizo uso Colombia al ratificarlo, que difer&iacute;a por ese t&eacute;rmino la competencia de la Corte en materia de cr&iacute;menes de guerra, en lo que en su momento fue un intento por inducir a los grupos armados ilegales a la negociaci&oacute;n.<\/p>\n<p>En t&eacute;rminos generales, podr&iacute;a pensarse que el tema de la Corte ha sido manejado con simplicidad e improvisaci&oacute;n.&nbsp; El Gobierno colombiano parece no haber hecho realmente un balance de las implicaciones que ello podr&iacute;a tener en la din&aacute;mica de seguridad interna, y en los riesgos que implica formar parte del Estatuto de Roma, las limitaciones que podr&iacute;a conllevar a la hora de una negociaci&oacute;n con los grupos armados ilegales y la carga diplom&aacute;tica y de prestigio que se derivar&iacute;a de una intervenci&oacute;n de la Corte en Colombia, incluso si dicha intervenci&oacute;n es solicitada por el Gobierno mismo.<\/p>\n<p>C .- Del terrorismo a los derechos humanos.&nbsp; A nivel mundial, la administraci&oacute;n Obama parece haber puesto fin a la &ldquo;Guerra global contra el terrorismo&rdquo; sobre la cual se vertebr&oacute; buena parte de la pol&iacute;tica exterior de su predecesor. &nbsp;<\/p>\n<p>En ese sentido, el Gobierno colombiano parece percibir que, si bien persiste el repudio global contra el terrorismo, resulta necesario adaptar su discurso para hallar receptividad en audiencias para las cuales no es la amenaza terrorista, sino los derechos humanos lo m&aacute;s importante. &nbsp;<\/p>\n<p>Resulta plausible suponer, en todo caso, que en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os las presiones sobre Colombia en materia de derechos humanos tender&aacute;n a incrementarse, y no simplemente como resultado de la guerra pol&iacute;tica y jur&iacute;dica de los grupos armados ilegales, sino como parte de una tendencia m&aacute;s general, que vuelve a insistir en requerir de los gobiernos un compromiso m&aacute;s evidente y formal en relaci&oacute;n con las libertades y las garant&iacute;as de los individuos.<\/p>\n<p>Conclusi&oacute;n (3)<\/p>\n<p>Todo indica que el sistema pol&iacute;tico colombiano asimila con rapidez el hecho cierto de que el escenario internacional ha cambiado.&nbsp; Que la ret&oacute;rica y las preocupaciones de Washington han cambiado. &nbsp;<\/p>\n<p>Que el terrorismo no es ya el tema dominante en la agenda internacional, aunque no haya perdido su importancia como amenaza a la seguridad mundial. &nbsp;<\/p>\n<p>Que la Corte penal internacional no es la panacea, y que su plena competencia en relaci&oacute;n con Colombia puede traer tantas oportunidades como riesgos y costos innecesarios. &nbsp;<\/p>\n<p>En ese sentido, es de esperarse, por ejemplo, que la Comisi&oacute;n de alto nivel organizada por la Canciller&iacute;a para diagnosticar y proyectar la futura pol&iacute;tica exterior de Colombia tenga en cuenta los especiales factores de seguridad que no pueden ser ignorados en semejante prop&oacute;sito con el fin de que la unidad de criterios corrija las contradicciones (aparentes o reales) entre la Canciller&iacute;a de San Carlos y el Ministerio de Defensa puesto que en circunstancias de cambio como las actuales, un adecuado direccionamiento estrat&eacute;gico que relacione la seguridad y la pol&iacute;tica exterior no es un lujo sino un imperativo.<\/p>\n<p>Imperativo del que depende, en &uacute;ltimas, la coherencia, impacto y credibilidad que pueda tener no solo una pol&iacute;tica, como la Psd, sino el sistema pol&iacute;tico colombiano en su intento por aparecer ante la comunidad hemisf&eacute;rica como un aut&eacute;ntico sistema democr&aacute;tico en un vecindario cada vez m&aacute;s incierto e impredecible.<\/p>\n<p>______________<br \/><em><br \/>Vicente Torrijos R. es Profesor Titular de Ciencia Pol&iacute;tica y Relaciones Internacionales en la Universidad del Rosario, de Bogot&aacute;,<\/em> Colombia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I .- EL ORDEN POL&Iacute;TICO INTERNO Y LA POL&Iacute;TICA DE SEGURIDAD DEMOCR&Aacute;TICA (PSD) Introducci&oacute;n No cabe duda de que, en Colombia, la Pol&iacute;tica de defensa y seguridad democr&aacute;tica fue el resultado de la confluencia de diversos factores, dentro de los cuales cabe se&ntilde;alar : (1)&nbsp; 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