{"id":44003,"date":"2014-06-30T14:02:34","date_gmt":"2014-06-30T13:02:34","guid":{"rendered":"https:\/\/www.transcend.org\/tms\/?p=44003"},"modified":"2015-05-05T21:33:44","modified_gmt":"2015-05-05T20:33:44","slug":"espanol-los-paises-de-colombia-violencias-conflictos-lo-rural-y-lo-urbano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.transcend.org\/tms\/2014\/06\/espanol-los-paises-de-colombia-violencias-conflictos-lo-rural-y-lo-urbano\/","title":{"rendered":"(Castellano) Los pa\u00edses de Colombia: violencia(s), conflicto(s), lo rural y lo urbano"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_44005\" style=\"width: 160px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/www.transcend.org\/tms\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Adriana-Roque.jpg\" ><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-44005\" class=\"size-thumbnail wp-image-44005\" src=\"https:\/\/www.transcend.org\/tms\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Adriana-Roque-150x150.jpg\" alt=\"Adriana Roque\" width=\"150\" height=\"150\" srcset=\"https:\/\/www.transcend.org\/tms\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Adriana-Roque-150x150.jpg 150w, https:\/\/www.transcend.org\/tms\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Adriana-Roque-300x300.jpg 300w, https:\/\/www.transcend.org\/tms\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Adriana-Roque.jpg 479w\" sizes=\"auto, (max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-44005\" class=\"wp-caption-text\">Adriana Roque<\/p><\/div>\n<p><em>9 Jun 2014 &#8211; Desde Amsterdam, Adriana Roque inicia una serie de reflexiones sobre los diferentes pa\u00edses que Colombia es para ella. En esta primera entrega, previa a las elecciones presidenciales, un oportuno texto sobre la violencia y el conflicto armado. <\/em><\/p>\n<p>Hace ya m\u00e1s de a\u00f1o y medio que vivo por fuera de las fronteras colombianas. La \u00faltima vez que me atrev\u00ed a escribir algo al respecto \u2014hace ya un muy buen rato y cuyo impulso no continu\u00e9\u2014 pensaba en la experiencia del afuera, del \u2018lejos\u2019, de enfrentarse a otras formas de interpretar el mundo y por lo tanto, de enfrentarme a la m\u00eda propia. Aquella vez todo tomaba un tono personal, tal vez demasiado nost\u00e1lgico en el que intentaba dar una visi\u00f3n cr\u00edtica de todas <em>mis<\/em> experiencias. Pero sobre todo, en la que quer\u00eda resaltar que quiz\u00e1s nos ha hecho falta apropiarnos con un poco m\u00e1s de entereza de todo aquello que nos atraviesa. En pocas palabras, no hemos podido dar con la forma de apropiarnos de nuestra historia: del pasado y del presente, para poder pensar el futuro.<\/p>\n<p>Me preguntaba qu\u00e9 ser\u00eda de nosotros sin el orden de la violencia. A\u00fan lo hago.<\/p>\n<p>Decid\u00ed escribir mi tesis de maestr\u00eda sobre algo cercano al coraz\u00f3n y al cuerpo: el concepto pol\u00edtico de perd\u00f3n dentro de procesos de reconciliaci\u00f3n, y de c\u00f3mo este puede ser considerado un mecanismo posible y \u00fatil en el proceso de paz colombiano. Un concepto entendido como la deposici\u00f3n de la venganza en un contexto p\u00fablico, pol\u00edtico, ayudado de todos los mecanismos necesarios de creaci\u00f3n de memoria hist\u00f3rica y justicia transicional y restaurativa. De c\u00f3mo, en cualquier caso, podr\u00edamos entenderlo sin correr el riesgo de la impunidad, reconociendo al mismo tiempo la necesidad de no perpetuarnos en una guerra eterna, que en realidad le pertenece a pocos. Esto me ha exigido leer muchos debates acad\u00e9micos sobre la pertinencia del concepto mismo de perd\u00f3n dentro de un contexto pol\u00edtico, de las formas en que este puede ser entendido, y por supuesto de sus conexiones con procesos de justicia transicional y restaurativa; de Sur\u00e1frica, de Guatemala. Tambi\u00e9n, por supuesto, he tenido que leer historia de Colombia de una forma un tanto m\u00e1s cr\u00edtica y profunda de lo que recordaba conocerla. Tengo que confesar que -m\u00e1s all\u00e1 de los plazos y presiones acad\u00e9micas- esta ha sido una de las tareas m\u00e1s angustiantes y desesperanzadoras con las que me he encontrado en el proceso: el origen de las guerrillas, los m\u00faltiples desaciertos hist\u00f3ricos del gobierno, el narcotr\u00e1fico, los paramilitares, la degeneraci\u00f3n del conflicto. Todas nuestras violencias. Y en el fondo, tambi\u00e9n, todos nuestros pa\u00edses.<\/p>\n<p>He llegado a la conclusi\u00f3n de que Colombia es una multiplicidad de pa\u00edses m\u00e1s diferentes que similares, unidos bajo un discurso simb\u00f3lico de la unidad de una naci\u00f3n que realmente nos cuesta trabajo comprender a fondo. Est\u00e1n los del campo y la ciudad, que se subordinan al pa\u00eds de los gobernantes y el resto, que a su vez se subdividen entre t\u00edteres y patrones, e inconformes, indolentes y uribistas respectivamente. Luego, todos esos se ven atravesados por el abismo representado por el \u00edndice GINI de desigualdad, que ante los ojos at\u00f3nitos de los economistas que prefieren culpar a la realidad antes que a la teor\u00eda, ha crecido en vez de disminuir con la industrializaci\u00f3n y modernizaci\u00f3n del pa\u00eds. Y sin embargo, la vida cotidiana se convierte f\u00e1cilmente en un sincretismo extenuante y denso de todos los distintos factores y situaciones con las que hemos aprendido a convivir, y que hemos apropiado como nuestras, como normales, cuando en realidad no pertenecen a nuestra naturaleza ni deber\u00edan ser pan de cada d\u00eda.<\/p>\n<p>Es absurdo pretender que todos los colombianos emprendamos una tarea de reconstrucci\u00f3n hist\u00f3rica extensiva, y m\u00e1s a\u00fan, que lo hagamos entendiendo nuestro propio rol y los lugares desde los cuales nos podemos comprender y juzgar como sociedad. Sin embargo, en esta situaci\u00f3n tan desagradable, donde el fin del conflicto con las FARC es instrumentalizado, por lado y lado, para catalizar el miedo y la rabia de los electores, considero que no est\u00e1 de m\u00e1s compartir algunas de las claridades (o as\u00ed las entiendo) a las que he llegado en este proceso. S\u00e9 que estos sitios en la red est\u00e1n dise\u00f1ados para producir entradas breves y concisas. Este texto excede sin duda los l\u00edmites invisibles de internet. As\u00ed, pecando por defecto y por exceso de manera simult\u00e1nea, he preferido resumir los puntos que considero principales. Creo que podemos optar por no sacrificar esa simple evidencia que Hannah Arendt defendi\u00f3 con admirable resiliencia: que pensar es un tambi\u00e9n una acci\u00f3n pol\u00edtica, cuya potencia renovadora trae a los momentos m\u00e1s oscuros de la humanidad la posibilidad de cambiar el futuro de una historia que parece haber sido escrita de antemano.<\/p>\n<p><strong>I. La(s) Violencia(s)<\/strong><\/p>\n<p>En Colombia La Violencia no es simplemente una manera de designar la \u00e9poca hist\u00f3rica que todos conocemos, as\u00ed sea de reojo. La violencia es tambi\u00e9n una manera en la que nos enmarcamos como sociedad y como sujetos pol\u00edticos. No es simplemente la noticia en el televisor, sino c\u00f3mo a trav\u00e9s de una violencia continuada y sus inevitables consecuencias, en el campo y la ciudad, comenzamos a internalizar los mecanismos con los que ella funciona. Que cuesta discutir sin irse a los pu\u00f1os, o a los pu\u00f1os verbales. Pero sobre todo, que la diferencia de opini\u00f3n y convicci\u00f3n no es enfrentada con di\u00e1logo y voluntad de compromiso, sino con afrentas. La l\u00f3gica del \u2018conmigo o contra mi\u2019, presente desde La Violencia hace parte de la manera en la que hemos aprendido a lidiar con aquel que est\u00e1 en desacuerdo, no importa desde qu\u00e9 posici\u00f3n del espectro ideol\u00f3gico est\u00e9 hablando. Y esto tiene sus ra\u00edces en la suposici\u00f3n de que para ser \u2018una naci\u00f3n unida\u2019, todos tenemos que pensar igual. Esto est\u00e1 atado al conflicto con las guerrillas, sin duda. Sin embargo, el narcotr\u00e1fico y los paramilitares en todas sus variantes han contribuido significativamente a la agudizaci\u00f3n y brutalidad de un conflicto que deb\u00eda haber acabado hace mucho tiempo. Insistir en combatir la violencia con violencia no es solo una posici\u00f3n pol\u00edtica, sino una suerte de destino hist\u00f3rico que nos ha sido impuesto bajo la idea de que la \u00fanica manera de responder ante el desagravio es la venganza.<\/p>\n<p><strong>II. El campo y la ciudad \u2013 la estabilidad entre el conflicto<\/strong><\/p>\n<p>Las ciudades y sus fronteras invisibles. El campo y su eterno dolor. La guerra siempre se ha librado en el campo. Las ciudades tienen sus propias formas de criminalidad, derivadas de ese mismo conflicto. Los noticieros y peri\u00f3dicos traen las noticias, y al crear el ruido de fondo con el que muchos crecimos, nos hace sentir que sabemos qu\u00e9 es estar en medio del conflicto y la guerra. Por lo tanto, nos hace sentir que sabemos c\u00f3mo solucionarlo, aunque no lo vivamos en carne propia. Sin embargo, una breve mirada a la historia nos recuerda que desde principios del siglo XX ese mismo conflicto tuvo su origen en el campo, y en la desatenci\u00f3n gubernamental a las necesidades de sus habitantes. La degeneraci\u00f3n del conflicto ha llegado a un punto tal que se ha emancipado de cualquier reclamo popular, y que deja como consecuencia una m\u00e1quina guerrerista y una visi\u00f3n anacr\u00f3nica de una revoluci\u00f3n que no es viable. Pero el hecho de que las ciudades hayan construido una suerte de frontera invisible, dentro de la que el fuego cruzado de ej\u00e9rcito, guerrillas y paramilitares no determina la vida de la mayor parte de sus habitantes, ha relegado el conflicto al campo y as\u00ed parece haber creado dos pa\u00edses simult\u00e1neos, en los que la violencia es para unos un mito y para otros una realidad. Y estos dos pa\u00edses, han logrado construir algo realmente extra\u00f1o: un tercer pa\u00eds en el que la estabilidad econ\u00f3mica y un r\u00e9gimen democr\u00e1tico permanente conviven con la violencia, el desplazamiento, la violaci\u00f3n de derechos humanos a diestra y siniestra, y la ausencia de presencia institucional.<\/p>\n<p>_______________________________<\/p>\n<p><em>Adriana Roque<\/em><em> estudi\u00f3 filosof\u00eda y odia tener que responder \u201cfil\u00f3sofa\u201d cuando le preguntan por su profesi\u00f3n. Estudia, viaja, lee, escribe (aunque tenga que obligarse a ratos), evita cantar por el bien de la humanidad y atasca constantemente su biblioteca musical de grupos nuevos que apenas ha escuchado una o dos veces. Diletante foto-cinematogr\u00e1fica; amante de lo an\u00e1logo y la experimentaci\u00f3n, alg\u00fan d\u00eda se comprar\u00e1 una c\u00e1mara digital decente. Procrastina como todos. Se queja como todos. <\/em><\/p>\n<p><a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.hojablanca.net\/laberinto\/2014\/06\/09\/los-paises-de-colombia-primera-entrega-violencias-conflictos-lo-rural-y-lo-urbano\/\" >Go to Original \u2013 hojablanca.net<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>9 Jun 2014 &#8211; Desde Amsterdam, Adriana Roque inicia una serie de reflexiones sobre los diferentes pa\u00edses que Colombia es para ella. 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