(Castellano) Pedagogía de la Catástrofe – Catastrofismo

ORIGINAL LANGUAGES, 18 Mar 2013

Stefano Caserini & Enrico Euli - TRANSCEND Media Service

“Esperemos que no se trate de llegar a la extinción bien informados…
pero recogemos la invitación a imaginar otros mundos posibles”.
— Luca Mercalli

Catastrofismo

This is the end, beautiful friend
This is the end, my only friend, the end
Of our elaborate plans, the end
Of everything that stands, the end
(The Doors, The End)

A menudo escuchamos el término “catastrofista” utilizado como un insulto. De hecho, la mayoría de los estudiosos no se definirán a sí mismos como catastrofistas. Por lo general, este calificativo es dado a ellos por otros estudiosos, que reconocen la crisis ambiental, económica o política, pero no creen que hemos alcanzado o alcanzaremos la catástrofe, o por los estudiosos, periodistas, políticos “negacionistas”, que no aceptan la evidencia, niegan el riesgo específico y consideran “profetas de la mala suerte” los que avisan del peligro.

Pero, entre las líneas de un discurso tranquilizador, emergen ideas alarmistas o francamente catastrofistas. No sólo porque a todos les gusta utilizar algunas imágenes catastróficas con fines puramente literarios, para llamar la atención. Cada vez es más común observar que en los títulos de las primeras páginas, en la televisión, en los comentarios de los editores se muestran los diferentes tipos de alusiones apocalípticas, algunas claramente lúdicas, humorísticas, otras serias, algunas suspendidas entre lo serio y la broma.

La palabra catástrofe es ahora presente con frecuencia en los titulares de los periódicos y las editoriales. Casi siempre, la cuestión es cómo evitar la catástrofe, pero la impresión que se tiene es de unos anti-catastrofistas al borde de una crisis de catastrofismo, hablamos de  gente que por educación ideológica y cultural se inclina a rechazar la posibilidad de una evolución catastrófica de la situación actual (el clima, el estado de la economía y las relaciones sociales) y la consiguiente necesidad de cambiar de dirección. Sin embargo, advierten las señales de que algo anda mal. Ellos tienen información que, si no llega a preocuparlos, por lo menos amenaza sus certezas. Aunque todavía existe una negación acerca de la necesidad de alarmarse, en sus discursos avanza la broma sobre el fin del mundo, la afirmación de la oportunidad de prepararse para lo peor, las dudas sobre el posible fin de la especie.

La acusación de catastrofismo ha perdido el esmalte y la fuerza. A menudo se pasa a “atención a los problemas catastrofistas” que de por sí ya constituye un compromiso; implica que el problema existe pero no debe exagerarse.

La palabra catástrofe tiene su propia dignidad y una larga historia. Originalmente deriva del griego katà-strèpho,(mezclo, trastorno, revuelvo) y nace en el teatro trágico para definir el paso crucial en el que se disuelve la trama y el dilema llega a una solución, como algo trágico.

Las visiones catastrofistas tienen ilustres y ejemplares ejemplos en las tradiciones religiosas y filosóficas anteriores, antiguas y medievales, en Occidente: en particular, la catástrofe providencial, entendida como una intervención divina que produce la catástrofe para los propósitos de la catarsis, la resolución, profunda y radical transformación de un entorno caracterizado por los problemas crónicos, por los errores estructurales y los males no solucionables. Este es el caso del Diluvio Universal, la Torre de Babel, la destrucción de Sodoma y Gomorra, y el Apocalipsis al final del Nuevo Testamento. Este último, del griego apo- calypto (revelar, hacer visible), puede representar el arquetipo del poder y de las limitaciones de cualquier posición catastrofista: su gran poder de sugestión y evocación, y también las limitaciones de una alarma para siempre presente, un evento que siempre va a suceder, pero que no pasa nunca.

Sin embargo, hay algunos tipos de desastres, como el que es apenas visible como resultado del calentamiento global, que por su naturaleza no son adecuados para la producción de grandes conmociones, cataclismos grandes y repentinos. El cambio climático se está moviendo sobre todo a través de procesos graduales pero irregulares que se prestan a ser malentendidos y no percibidos. Su peligro radica más en la irreversibilidad (a no ser que consideremos escalas de tiempo muy largos) que no en los desastres repentinos.

En respuesta a estos dilemas se mueve el trabajo de Hans Jonas, que ve a la humanidad al borde del abismo después de haber invocado en vano el principio de responsabilidad, y el trabajo de Jean-Pierre Dupuy, quien propuso el catastrofismo ilustrado como el horizonte de  una nueva conciencia epistemológica resultante de la asunción del evento final, como si ya hubiera ocurrido.

“¿Qué es lo que distingue a un portador de mala suerte de un ” catastrofista iluminado “? Todo. El portador de la auto-condenación profetiza la desgracia y al hacerlo, la atrae. El iluminado catastrofista hace una evaluación realista y  radicalmente actual del peligro (por mucho que se pueda hacer real y actual el futuro) de la destrucción a su alrededor y, puedo añadir, con respecto a él y a su comportamiento cotidiano (fumar, por ejemplo) , que tenga en cuenta “los aspectos sistémicos del mal”, y trate de salvarse “.

Para profundizar:

Bateson G.. (1976) Le radici della crisi ecologica, in Verso un’ecologia della mente, Adelphi, Milano

Bosi A,  Deriu M., Pellegrino V. – a cura di (2009), Il dolce avvenire, Esercizi di immaginazione radicale del presente, Diabasis, Reggio Emilia

Diamond J. (2005) Collasso, Come le società scelgono di morire o vivere, Einaudi, Torino

Dupuy J-P.(2011), Per un catastrofismo illuminato, La Medusa, Marsala

Euli E. (2007) Casca il mondo! Giocare con la catastrofe. Ed. la meridiana, Molfetta

Jonas H.(1993) Il principio responsabilità. Un’etica per la società tecnologica, Einaudi, Torino

Joseph L.E.(2008), Apocalisse 2012, Corbaccio, Milano

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Catástrofe, colapso, quiebra, rescate: palabras que cada día nos repiten los medios informativos. ¿Lo hacen sólo para llamar la atención, puesto que nada vende mejor que el miedo? ¿O tal vez es que algo falla en el relato de nuestro “imparable progreso”?

Este libro es un kit de supervivencia —tan brillante en la escritura como sombrío en los contenidos— para no perder la orientación en medio de la profunda crisis que vivimos y para podernos explicar el presente. Conscientes que las señales del clima que cambía y las crisis financieras recurrentes son los primeros indicios de una catástrofe que ya ha empezado, aunque tal vez no asumida, rechazada a causa del miedo o de las inercias, pero no por eso menos real.

Una “pedagogía de las catástrofes” que nos ayude para asumir una actitud de mayor resiliencia y eficacia práctica. Un glosario para rastrear las palabras clave del presente, desde Apocalipsis hasta Ziga-zaga, y para mirar hacia el futuro, intentando imaginar lo que vendrá después, lo nuevo. Con un epílogo de Luca Mercalli.

Stefano Caserini es un estudioso de clima y contaminación, y es docente de Mitigación de los Cambios Climáticos al Politécnico de Milán. Es fundador del blog www.climalteranti.it.  Autor de artículos y libros, entre otros “A qualcuno piace caldo” (Ed. Ambiente).

Enrico Euli es investigador y profesor de Metodologías del Juego a la Universidad de Cagliari (Cerdeña). Sigue (y es perseguido por) las catástrofes, por lo menos desde la publicación de uno de los libros del que es autor: “Casca il mondo” (Ed. La Meridiana).

 

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