(Castellano) Por qué fracasan los activistas

ORIGINAL LANGUAGES, 8 Apr 2019

Robert Burrowes, Ph.D. | Pressenza – TRANSCEND Media Service

(Imagen de Dalia Chiu S.)

A pesar de los enormes esfuerzos en curso durante más de mil años, durante y desde la formación y configuración del mundo moderno, y a medida que el número de cuestiones que se discuten ha ido aumentando, activistas de muchos tipos han hecho progresos insuficientes en cuestiones clave, en particular en relación con el fin de la violencia y la guerra (y la amenaza de la guerra nuclear), el cese de la explotación de muchos pueblos y la detención de los interminables ataques contra la biósfera de la Tierra.

Por supuesto, para que aquellos de nosotros que nos identificamos como activistas tengamos alguna perspectiva de éxito en estos y otros esfuerzos, necesitamos entender cómo funciona el mundo y desarrollar un conjunto interrelacionado de estrategias no violentas que sean implementadas de manera efectiva para abordar cada uno de los aspectos clave de esta crisis.

Esto se debe a que hay mucho de malo en el funcionamiento del mundo humano y una cantidad asombrosa de cosas que hay que hacer si queremos arreglarlo y preservar la biósfera planetaria al hacerlo, sobre todo teniendo en cuenta que las principales amenazas son ahora tan graves que es probable que la extinción humana ocurra dentro de unos pocos años. Vea “¿Extinción Humana para el 2026? Una última estrategia para luchar por la supervivencia humana”.

Por supuesto, si los sistemas de gobernanza humana, desde las organizaciones internacionales como las Naciones Unidas y sus diversos organismos hasta los gobiernos nacionales, provinciales y locales funcionaran eficazmente, entonces podríamos esperar que esos organismos, que teóricamente funcionan en nuestro nombre, hayan abordado esos problemas hace mucho tiempo. O que lo hagan ahora.

Sin embargo, por razones que son fácilmente identificables, estas agencias tienen poco poder y funcionan mal habitualmente (desde el punto de vista de la gente común y de la biósfera planetaria).

Así que permítanme comenzar explicando brevemente cómo funciona el mundo y luego elaborando algunos puntos clave sobre la estrategia para que puedan elegir, si lo desean (y asumiendo, inciertamente, que todavía hay tiempo), desempeñar un papel más activo y efectivo, de una o más maneras, en la lucha por hacer de nuestro mundo un mundo de paz, justicia y sostenibilidad.

Cómo funciona el mundo: una breve historia

Los sistemas formales de gobernanza humana en la Tierra -es decir, los gobiernos y las organizaciones intergubernamentales como las Naciones Unidas- están controlados por la élite mundial, que es invisible para la mayoría de las personas, incluidos los activistas, y por lo tanto no es considerada por ellos. Así, por supuesto, es como la élite lo quiere y uno todavía puede encontrar fácilmente cuentas que preguntan si la élite (por el nombre que se le dé) realmente existe e incluso le atribuyen una cualidad mística. Si es que la idea no es simplemente descartada como una “teoría de la conspiración”.

Bueno, la élite global existe y sus miembros pueden ser fácilmente identificados. Pero permítame comenzar describiendo brevemente cómo la élite global adquirió su extraordinario control sobre los asuntos mundiales.

Tras la revolución neolítica de hace 12.000 años, la agricultura permitió que los asentamientos humanos sustituyeran a la economía de los cazadores y recolectores. Sin embargo, mientras que la revolución neolítica se produjo espontáneamente en varias partes del mundo, algunas de las sociedades neolíticas que surgieron en Asia, Europa, América Central y América del Sur recurrieron a un control social cada vez mayor para lograr una variedad de resultados sociales y económicos, incluido el aumento de la eficiencia en la producción de alimentos.

Las civilizaciones surgieron hace poco más de 5.000 años y, utilizando este mayor grado de control social, se caracterizaron por pueblos o ciudades, una producción eficiente de alimentos que permitió a una gran minoría de la comunidad participar en actividades más especializadas, una burocracia centralizada y la práctica de la guerra especializada. Ver “Una crítica a la sociedad humana desde la Revolución Neolítica”.

Con el surgimiento de la civilización, las élites de carácter local (como los faraones de Egipto), las élites de alcance imperial (incluidos los emperadores romanos), las élites de carácter religioso (como los Papas y los funcionarios del Vaticano), las élites de carácter económico (en particular la City of London Corporation) y las élites de carácter “nacional” (en particular las monarquías de Europa) fueron surgiendo progresivamente, esencialmente para gestionar la administración asociada con el mantenimiento y la expansión de sus reinos (políticos, financieros y/o religiosos).

Tras la Paz de Westfalia en 1648, que estableció formalmente el sistema de Estado-nación, las élites nacionales, de carácter cada vez más económico a medida que el capitalismo se desarrollaba progresivamente y se expandía rápidamente, consolidaron su dominio sobre las sociedades nacionales y, a medida que estas élites internacionalizaban su alcance en los siglos siguientes, en la segunda mitad del siglo XX, una élite verdaderamente global había consolidado su control sobre el mundo.

La conciencia de las élites en épocas anteriores ha sido señalada por algunos autores. Por ejemplo, en su libro de 1775 Una investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones, Adam Smith señaló que “Todo para nosotros, y nada para los demás, parece haber sido, en todas las épocas del mundo, la vil máxima de los maestros del género humano”.

Pero el trabajo de C. Wright Mills en su clásico de 1956 La élite del poder  es el esfuerzo académico original de la era posterior a la Segunda Guerra Mundial para documentar la naturaleza de esta élite, cómo funciona y por qué tenía control total sobre la sociedad nacional estadounidense. Por supuesto, a pesar de la erudición de tal naturaleza, que ha sido añadida de forma rutinaria desde entonces, la mayoría de la gente todavía cree que la ilusión patrocinada por la élite de que las organizaciones internacionales, como las Naciones Unidas, y los gobiernos nacionales realmente tienen algo de peso en los asuntos mundiales.

Para saltar al presente entonces, con el fin de dar una mejor y más reciente relación de cómo se manifiesta hoy en día la élite global, véase el libro del profesor Peter Phillips titulado Gigantes: La élite global del poder. En este libro, Phillips identifica las diecisiete principales empresas de gestión de activos del mundo, como BlackRock y J.P Morgan Chase, que gestionan colectivamente más de 41,1 billones de dólares en una red de autoinversión de capital entrelazado que abarca todo el mundo. Los diecisiete gigantes operan en casi todos los países del mundo y son “las instituciones centrales del capital financiero que impulsa el sistema económico mundial”. Invierten en cualquier cosa que se considere rentable, desde “tierras agrícolas en las que los agricultores indígenas son sustituidos por inversores de élite” hasta bienes públicos (como energía y agua), pasando por combustibles fósiles, energía nuclear y guerra.

Más precisamente, Phillips identifica a los 199 directores individuales de los diecisiete gigantes financieros mundiales y la importancia de las instituciones transnacionales que cumplen una función unificadora -incluidos el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el G20, el G7, la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Foro Económico Mundial (FEM), la Comisión Trilateral, el Grupo Bilderberg, el Banco de Pagos Internacionales y el Consejo de Relaciones Exteriores– y, en particular, dos organizaciones mundiales de planificación de políticas de élite muy importantes: el Grupo de los Treinta (que cuenta con 32 miembros) y el comité ejecutivo ampliado de la Comisión Trilateral (que cuenta con 55 miembros).

Y Phillips explica cuidadosamente por qué y cómo la élite global defiende su poder, sus beneficios y sus privilegios contra la rebelión de las “insubordinadas masas explotadas”: “La élite global del poder utiliza la OTAN y el imperio militar estadounidense para su seguridad mundial. Esto forma parte de una estrategia de expansión de la dominación militar de los Estados Unidos en todo el mundo, en virtud de la cual el imperio militar de los Estados Unidos y la OTAN, asesorado por el Consejo Atlántico de la élite del poder, opera al servicio de la Clase Corporativa Transnacional para la protección del capital internacional en todo el mundo”.

“El imperio militar estadounidense se basa en cientos de años de explotación colonial y continúa apoyando a gobiernos represivos y explotadores que cooperan con la agenda imperial del capital mundial. Los gobiernos que aceptan la inversión de capital externo, en virtud de la cual un pequeño segmento de la élite de un país se beneficia, lo hacen sabiendo que el capital requiere inevitablemente un retorno de la inversión que implica el uso de recursos y personas para obtener beneficios económicos. Todo el sistema continúa concentrando la riqueza para las élites y expandiendo la miserable desigualdad de las masas…”

“Entender la guerra permanente como una válvula de alivio económico para el capital excedente es una parte vital de la comprensión del capitalismo en el mundo de hoy. La guerra ofrece oportunidades de inversión para las élites de los Gigantes y de la Clase Corporativa Transnacional y un rendimiento garantizado del capital. La guerra también tiene la función represiva de mantener a las masas sufrientes de la humanidad temerosas y obedientes”.

Si desea leer otros libros que también dan una idea clara de las élites y sus agentes que operan más allá de la ley en detrimento extraordinario de la humanidad y de la Tierra, entonces le recomiendo encarecidamente el clásico de William Blum Matando la esperanza: intervenciones militares de EE. UU. y la CIA desde la Segunda Guerra Mundial y Paul L. Williams sobre la Operación Gladio: la alianza impía entre el Vaticano, la CIA y la mafia.

En lenguaje claro entonces: La élite global gestiona los sistemas de gobernanza humana para su beneficio sin preocuparse por la gente común -que son considerados indignos- ni por la biósfera planetaria. Y la función más importante que desempeñan los organismos internacionales y los gobiernos, desde la perspectiva de las élites, es que parecen tener control sobre ciertas jurisdicciones y asuntos, de modo que los grupos de interés pertinentes centran sus esfuerzos, por ejemplo, en “cambiar la política gubernamental” o cambiar el partido en el gobierno. Al tener el esfuerzo activista enfocado en presionar a los gobiernos o cambiar el partido en el gobierno, este esfuerzo es absorbido y disipado; por lo tanto, nada de cambios importantes porque la élite tiene un control significativo sobre todos los principales procesos políticos, partidos y sus políticas.

Por supuesto, debo agregar que la élite es lo suficientemente inteligente como para hacer que parezca que algo ha cambiado ocasionalmente, quizás permitiendo una pequeña concesión después de años de esfuerzo (invariablemente en un asunto “social”, como el matrimonio de homosexuales, que no impacta adversamente su poder, ganancias y privilegios), de tal manera que la mayoría de los esfuerzos de los activistas permanecen enfocados en los gobiernos y agencias gubernamentales internacionales. La élite también permite que un candidato “genuinamente progresista” emerja regularmente, de manera que los activistas vuelvan a ser engañados para que se esfuercen por lograr resultados electorales en lugar de construir movimientos para una transformación social de base amplia basada en la organización popular.

En la gestión de su ya vasta e interminable acumulación de riqueza, la élite mundial desvía cada día una asombrosa cantidad de recursos financieros de la economía mundial y canaliza estos recursos a través de paraísos fiscales secretos para evadir impuestos. A nivel mundial, 10.000 millones de dólares de los EE.UU. de riqueza producida por el trabajo de la gente común se “pierde” cada semana de esta manera y más del 10% de la riqueza financiera mundial (que no incluye la riqueza no financiera que va desde caballos de carrera y yates hasta obras de arte y lingotes de oro) está ahora oculta en estas jurisdicciones secretas. Ver “Banca de élite a sus expensas: cómo se utilizan los paraísos fiscales secretos para robarle su dinero”.

Una pequeña proporción (aunque significativa) de la riqueza de la élite se utiliza para crear y gestionar la narrativa dominante en relación con el estado del mundo financiando la producción de esta narrativa, generada por grupos de reflexión de la élite, y luego distribuida a través de los sistemas educativos, la industria del entretenimiento y los medios de comunicación corporativos. En resumen, nos bombardean con propaganda de élite, con nombres como “educación”, “entretenimiento” y “noticias”, que distorsionan irremediablemente la percepción popular de lo que está ocurriendo.

Entonces, ¿por qué sucede todo lo anterior?

En esencia: el control de la élite global de los sistemas formales de gobierno humano para su propio beneficio es un resultado de la locura de la élite global, así como de la locura de aquellos que la sirven. Entonces, “¿qué es la cordura?”, se preguntará.

La cordura se define como la capacidad de considerar un conjunto de circunstancias, de analizar cuidadosamente las pruebas relativas a esas circunstancias, de identificar la causa de cualquier conflicto o problema, y de responder apropiada y estratégicamente, tanto emocional como intelectualmente, a ese conflicto o problema con la intención de resolverlo, preferiblemente a un nivel más alto de satisfacción de las necesidades de todas las partes (incluidas las de la Tierra y todas sus criaturas vivientes). Para una explicación más completa, ver “La Élite Global está Loca. Revisado” con mucho más detalle en “¿Por qué la violencia?” y  “Psicología del valor y Psicología del temor: Principios y Práctica”. En resumen, los individuos que no están increíblemente dañados psicológicamente, no se comportan como se describió anteriormente.

En esencia, entonces, mientras que la descripción de cómo funciona el mundo que se ofrece más arriba es exacta, este es manejado por una élite demente -acumulando infinita y compulsivamente ganancias, poder y privilegios a expensas de la gente común y la biósfera- y la locura de aquellos que sirven a la élite, como prácticamente todos los políticos y empresarios, banqueros y contadores, jueces y abogados, académicos y personal de los medios de comunicación corporativos.

Por lo tanto, las luchas por la paz, la justicia, la sostenibilidad y la liberación (de la ocupación militar, la dictadura, el asalto genocida, los golpes de estado y las invasiones), por diversos medios (incluidos los no violentos), fracasan con demasiada frecuencia. Pero no sólo por el enorme poder de la élite global. Fracasan porque los activistas no entienden cómo funciona el mundo, incluyendo cómo la élite ejerce su poder y, en el caso de aquellos que usan la acción no violenta explícitamente, fracasan cuando los activistas no entienden la psicología, la política y la estrategia de la lucha no violenta. Y aunque estos temas no son complicados, requieren tiempo para aprenderlos.

Para reiterar, entonces, la respuesta a la pregunta: “¿Por qué fracasan los activistas?” es esta: prácticamente todos los activistas no entienden la estrategia y, por lo tanto, no hacen campañas estratégicas. Esto significa que cualquier cosa que se haga, ya sea una decisión en una reunión, una llamada telefónica o un correo electrónico, una acción o un evento planeado y ejecutado, simplemente no tiene el impacto que podría tener. Permítame elaborar esta explicación utilizando sólo tres componentes básicos (de doce) de una sólida estrategia no violenta.

Antes de hacerlo, debo enfatizar que estoy hablando de aquellos que se identifican como “activistas”. No estoy hablando de los grupos de presión (o de aquellos que utilizan el activismo al servicio de los grupos de presión). Además, estoy asumiendo que todos los activistas están usando alguna versión de lo que ellos entienden como “acción no violenta”, ya sea que afirmen o no estar haciéndolo o incluso que se den cuenta de que lo están haciendo, simplemente porque ninguna otra tradición de activismo ofrece la orientación estratégica integral que ofrece la literatura sobre la no violencia.

Entonces, ¿qué deben hacer las activistas para que sus esfuerzos tengan un impacto estratégico?

Análisis Estratégico

La base de cualquier estrategia sólida -especialmente si se trata de hacer campaña sobre cuestiones importantes como el fin de la guerra, la catástrofe climática, la destrucción del suministro de agua dulce y de las selvas tropicales, la derrota de un golpe de estado, la ocupación o la invasión no violenta, la transformación de la economía mundial, la caída de la élite mundial…- es una comprensión cabal del conflicto.

Esto significa, lo que es más importante, tener un claro sentido del “panorama general” (incluyendo aquellas estructuras y actores globales en lugares lejanos que mantienen/perpetran las manifestaciones locales de violencia y explotación), y no sólo el detalle del tema en el que se centra. Fundamentalmente, esto requiere una comprensión aguda de la estructura de poder global. Si no entendemos cómo funciona el poder en la sociedad, en particular estructuralmente, incluso en relación con el conflicto que intentamos resolver, entonces no podemos planificar y aplicar una estrategia que funcione. Como trágicamente demuestra el registro histórico.

Así, por ejemplo, el hecho de que la mayoría de los activistas climáticos y medioambientales no consideren adecuadamente el papel de la guerra (y de la actividad militar y de la violencia en general) en la destrucción del clima y el medio ambiente significa que apenas se menciona a uno de los principales impulsores de estos dos conflictos, por no hablar de discutirlo y luego abordarlo estratégicamente -idealmente trabajando en colaboración con los activistas antibélicos- por parte de los activistas que trabajan para poner fin a la catástrofe climática y defender el medio ambiente en su conjunto.

Pero esta falta de consideración del “panorama general” es también la razón por la que la mayoría de los activistas del clima se centran en el cambio (de los combustibles fósiles y la energía nuclear) a la energía renovable y pasan por alto el punto fundamental de que estamos destruyendo todo el medio ambiente mundial -incluyendo el agua dulce, los bosques tropicales y los océanos- y a menos que reduzcamos drásticamente, en un 80%, nuestro consumo en todos los ámbitos clave que implican tanto la energía como los recursos de todo tipo -agua, energía doméstica, combustibles para el transporte, metales, carne, papel y plástico- y dejemos inmediatamente de conducir, volar y comer carne para empezar, no tenemos ninguna posibilidad de evitar la extinción humana. Ver “¿Se extinguirán los seres humanos en el 2026?” y “Resumen y actualización sobre el cambio climático”.

Por lo cual es por eso también simple que los enfoques estructurados para esta reducción del consumo, a la vez que expanden dramáticamente nuestra autosuficiencia individual y comunitaria para que todas las preocupaciones ambientales sean tratadas de manera efectiva, deben ser parte de cualquier estrategia efectiva para enfrentar la catástrofe climática/medioambiental. Vea “El Proyecto Árbol de Fuego para salvar la vida en la Tierra”.

En una simple frase: no podemos salvar el clima sin salvar también las selvas tropicales y poner fin a la guerra.

Habiendo escrito todo lo anterior, es importante reconocer que existen muchas fuentes de información precisa sobre temas específicos producidas por grupos de reflexión independientes y académicos e investigadores activistas. Por ejemplo, encontrará mucha información sobre las corporaciones de armas y el gasto en armas (que sigue aumentando) en el sitio web del Instituto Internacional de Investigación de la Paz de Estocolmo y el movimiento del clima produce algunas investigaciones rigurosas, con el último informe documentando meticulosamente de que la financiación bancaria de los combustibles fósiles sigue aumentando a pesar del “acuerdo” sobre el clima de París en 2015. Véase “Banca sobre el cambio climático: informe del financiamiento de combustibles fósiles 2019.

Enfoque Estratégico

Si no analizamos a fondo el conflicto, es imposible identificar el enfoque estratégico apropiado para la acción y luego planificar tácticas que aborden ese enfoque. Esto significa inevitablemente que estamos adivinando qué hacer, sin saber de antemano, como deberíamos, que la acción que emprendamos tendrá un impacto estratégico.

Además, adivinar qué acción tomar, por lo general sobre la base de lo que es familiar o lo que se siente bien -quizás porque salimos con un grupo de “buena gente”- conduce virtualmente de modo inevitable a malas decisiones como organizar una gran manifestación. Las marchas son notoriamente ineficaces, como la mayor manifestación de la historia del mundo el 15 de febrero de 2003, que incluyó manifestaciones en más de 600 ciudades de todo el mundo, con la participación de hasta 30.000.000 de personas, contra la inminente guerra dirigida por Estados Unidos contra Irak -véase: “El mundo dice no a la guerra: demostraciones contra la guerra de Irak”– ilustró una vez más. Las acciones individuales y los números no son determinantes; la estrategia es determinante. Obviamente, las grandes marchas podrían ser efectivas si estuvieran estratégicamente enfocadas -aunque nunca en los gobiernos-, pero sólo un raro activista entiende esto con las recientes manifestaciones mundiales de “Huelga Escolar por Acción en favor del Clima” del 15 de marzo y las “Manos Fuera de Venezuela” del 16 de marzo, que ilustran gráficamente esta falta de entendimiento y por lo tanto desperdician oportunidades para hacer una diferencia estratégica.

Permítame explicar esta noción de enfoque estratégico con un simple ejemplo, y luego invitarlo a considerarla con un poco más de detalle.

Dado el papel fundamental que desempeñan, por ejemplo, los vuelos de las aerolíneas, los viajes en coche y el consumo de carne en la destrucción del clima y, en el caso de los dos primeros, las guerras encabezadas por Estados Unidos por el control de los combustibles fósiles, imagínese que todos los estudiantes que asisten a los mítines climáticos de la Huelga Escolar por el Clima hubieran aprovechado el día para firmar un compromiso personal: ¿la Promesa por la Tierra? – en la que se lee algo como esto:

Por amor a la Tierra y a todos sus habitantes, y por mi respeto a sus necesidades, desde este día en adelante prometo esto:

  1. No voy a viajar en avión
  2. No voy a viajar en coche
  3. No comeré carne y pescado
  4. Sólo comeré alimentos orgánicos/biodinámicos
  5. Minimizaré la cantidad de agua dulce que uso
  6. No voy a comprar madera de la selva tropical
  7. No compraré ni usaré plástico de un solo uso, como bolsas, botellas, recipientes, tazas y pajitas.
  8. No usaré bancos que provean servicios a corporaciones involucradas en combustibles fósiles, energía nuclear y/o armas.
  9. No recibiré noticias de los medios corporativos (periódicos, televisión, radio, Facebook…)
  10. Me esforzaré por aprender una habilidad, como la jardinería o la costura, que me haga más autosuficiente.
  11. Animaré a mi familia y amigos a que consideren la posibilidad de firmar este compromiso.

Imagine si en todas las manifestaciones futuras sobre el clima se les diera a los participantes la oportunidad de firmar tal promesa.

Imagine que en cada manifestación contra la guerra, todos los participantes tuvieran la oportunidad de firmar ese compromiso. No tiene sentido gritar (o mostrar un letrero que diga): “No a la guerra por el petróleo” cuando eres tú el que está usando el petróleo. Seguramente, eso sería hipócrita, ¿no?

Si le parece demasiado difícil por ahora, ¿firmaría la promesa después de tachar uno o dos puntos que podría reconsiderar más tarde?

Tal vez podamos incluso celebrar el 2 de octubre de 2019, el 150º aniversario del nacimiento de Gandhi y el Día Internacional de la No Violencia, como un día de compromiso mundial con ceremonias locales, pequeñas o grandes, en todo el mundo, para que la gente pueda asistir a un evento para hacer una promesa pública de esta naturaleza también.

Con la Tierra sitiada, ¿firmaría tal promesa? ¿Qué necesitaría reorganizar sobre su vida para hacerla manejable?

El punto es, pues, el siguiente: es fácil pedirle a otra persona que cambie su comportamiento. Es más efectivo cambiar el suyo propio. Y, si lo hacemos, funcionalmente socavamos la causa de los problemas que nos preocupan a muchos de nosotros.

De todos modos, un poco más elaboradamente, si quiere un enfoque estratégico en su estrategia de campaña para terminar con la guerra o la catástrofe climática, por ejemplo, eche un vistazo a los dos objetivos estratégicos y a la lista básica de metas estratégicas en “Objetivos estratégicos de campaña”. Y para los dos objetivos estratégicos y la lista básica de metas estratégicas para defenderse de una serie de amenazas militares, véase “Objetivos estratégicos de defensa”.

Esto requiere, de vital importancia, que la táctica en cualquier circunstancia sea concienzudamente diseñada para lograr cuidadosamente la meta estratégica identificada como apropiada para esta etapa de la campaña. Ver la relación y distinción entre “El objetivo político y la meta estratégica de las acciones no violentas”.

Y para una mejor comprensión del poder de la acción no violenta y de cómo enmarcarla para lograr el máximo impacto estratégico, véase también “Acción no violenta: Por qué y cómo funciona”.

Plazo Estratégico

Un análisis inadecuado, quizás porque usted simplemente cree, sin investigación, que lo que la élite global le está diciendo a través de sus muchos canales, tales como sus procesos principales cautivos (incluyendo los sistemas de educación y los medios corporativos), podría llevarlo a trabajar en un marco de tiempo totalmente irreal.

Lamentablemente, esto es precisamente lo que está sucediendo con la catástrofe climática. Seguir sin cuestionar el discurso controlado por las élites sobre este tema lleva a la mayoría de la gente, incluidos los activistas climáticos, a trabajar hasta un plazo de “fin de siglo” o a creer, por ejemplo, que tenemos hasta el año 2030 para poner fin a nuestro uso del carbón. Sin embargo, incluso algunas fuentes principales, como las Naciones Unidas, ya informan de las consecuencias catastróficas de haber establecido la meta totalmente inadecuada de limitar el aumento de la temperatura mundial a 2° (o 1,5°) centígrados por encima de la norma preindustrial. Véase, por ejemplo, “Enlaces globales – una mirada gráfica a los cambios en el Ártico” y “El aumento de la temperatura de 3-5°C está ahora ‘bloqueado’ para el Ártico”.

Por lo tanto, es imperativo que los activistas utilicen su análisis (basado en fuentes veraces) para hacer una evaluación realista del marco temporal. Puede que no sea conveniente tener menos tiempo del que creemos necesario para precipitar los cambios que queremos, pero nuestra responsabilidad como activistas incluye la necesidad de decir verdades desagradables (algo que la élite global y sus agentes nunca harán).

Entonces, fundamentalmente, diga la verdad. Si hay una opción entre ser popular y decir la verdad, le animo a que siempre diga la verdad. Engañarnos a nosotros mismos con la idea de que estamos haciendo un buen trabajo y afirmarnos unos a otros por ganancias menores no evitará la extinción humana ni salvará esas innumerables formas de vida, humanas y de otro tipo, que mueren cada día como resultado de nuestro mundo increíblemente disfuncional y violento. Tampoco ayudará a quienes viven bajo la ocupación, la dictadura o el asalto militar.

Por supuesto, decir la verdad asustará a mucha gente. Pero sigue siendo una estrategia más sensata confiar en que la gente escuche bien la verdad, no importa lo desagradable que pueda ser. Además, si no decimos la verdad y no confiamos en la gente, no tenemos perspectivas de movilizarla estratégicamente en el tiempo que nos queda.

No hace falta decir que si va a informar la verdad a los demás, tiene que ser lo suficientemente valiente como para comprenderla usted mismo primero. Y para actuar en consecuencia.

Resumen

En las tres secciones anteriores, expliqué la importancia de un análisis sólido, un enfoque estratégico y un marco de tiempo apropiado, así como la importancia de decir la verdad, en el desarrollo e implementación de una estrategia no violenta eficaz. Esto se aplica sea cual sea la naturaleza de la lucha: una campaña por la paz, la justicia o el medio ambiente, o una lucha por la defensa o la liberación.

Pero una estrategia eficaz requiere más que estos tres componentes y cada uno de ellos debe ser comprendido y aplicado rigurosamente.

Así que si convertirse en alguien más estratégico le atrae, visite cualquiera de estos sitios web:  Estrategia de Campaña No Violenta o Estrategia no violenta de defensa/liberación.

O para un rápido vistazo general a los doce componentes de la estrategia no violenta, consulte la sección Rueda de estrategia no violenta en cada sitio, como este.

Además, si desea centrarse en la crianza de los hijos para que sean capaces de lidiar con la realidad y no se dejen engañar por las adicciones generalizadas del consumo excesivo y el militarismo -vea “Amor negado: la psicología del materialismo, la violencia y la guerra”– o creer que presionar a los gobiernos es la manera de precipitar el cambio, entonces lo invitamos a considerar la posibilidad de hacer “Mi promesa a los niños” y aprender el arte de escuchar profundamente. Ver “Nisteling: El arte de escuchar profundamente”.

Por supuesto, si tiene problemas para reducir su consumo o cuestionar la eficacia de la violencia militar, entonces considere abordar los impedimentos psicológicos inconscientes para ello. Vea “Poniendo los sentimientos primero”.

Si quiere, también puede unirse al movimiento mundial para poner fin a la violencia firmando el compromiso en línea de “La Carta de los Pueblos para la Creación de un Mundo No Violento”.

Una palabra final

Algunos economistas corporativos están preocupados por el hecho de que la economía mundial se enfrenta a una “desaceleración” y, posiblemente, incluso a una recesión. En consecuencia, abogan por medidas para impulsar el crecimiento económico.

La realidad, sin embargo, es que la civilización industrial ya se está desmoronando de manera constante y rápida -con una secuencia interminable de catástrofes climáticas y ambientales en curso: para una de las últimas, ver “El número de muertos aumenta en Mozambique mientras 15,000 personas esperan ser rescatadas”– y se derrumbará por completo dentro de unos pocos años. ¿Por qué? Porque a la Tierra le queda muy poco para dar sin una cantidad asombrosa de insumos regenerativos (algunos de los cuales podemos suministrar, pero otros que requieren tiempo geológico).

Pero no necesita creerme.

Considere las evidencias por sí mismo.

Si después de leer la larga lista de documentos, científicos y de otro tipo, citados en los artículos clave sobre la extinción humana a corto plazo mencionados anteriormente, puede buscar pruebas convincentes para refutar el argumento a favor que se presenta sobre la extinción humana a corto plazo, entonces espero que comparta esta evidencia ampliamente para que todos podamos sentirnos aliviados al tener más tiempo del que un número cada vez mayor de valientes científicos están advirtiendo sobre el riesgo que corren sus medios de vida y sus compromisos profesionales.

Pero si usted no puede refutar la evidencia citada anteriormente o encontrar la evidencia que lo haga a su satisfacción, lo invito a responder reflexiva y poderosamente tomando acción inmediata para comenzar sistemática y sustancialmente a reducir su consumo personal al mismo tiempo que aumenta sistemáticamente su autosuficiencia personal y comunitaria, en 16 áreas, al mismo tiempo. Una vez más, ver “El Proyecto Árbol de Fuego para salvar la vida en la Tierra”.

Puedo asegurarle que si “renunciamos” a la economía global sistemáticamente mientras aumentamos nuestra autosuficiencia a un nivel (mucho) más bajo de consumo (lo que también desmonetizará la actividad económica), entonces todas esas corporaciones -como las que producen combustibles fósiles, extraen minerales estratégicos y destruyen los bosques tropicales- dejarán de producir productos para los que no hay mercado. Simplemente no tendrán ningún incentivo financiero para hacerlo. Y esto socavará funcional y continuamente el poder de la élite global para manipularnos y hacer que cedamos nuestro poder presionando a los gobiernos y renunciando a nuestra mano de obra y recursos para comprar sus productos con el fin de aumentar su poder y sus ganancias. Además, las élites tendrán menos incentivos para iniciar y luchar las guerras para robar los recursos necesarios para hacer los productos que nuestro consumo excesivo requiere actualmente.

Como probablemente se dará cuenta, es su propia acción la que le da credibilidad (y autoridad moral) para luego animar a otros a seguir su ejemplo, y para que haga campaña con el fin de que otros también cambien su comportamiento. Hace cien años, Mohandas K. Gandhi -quizás anticipando el último informe de la ONU: “La Alianza de las Naciones Unidas para la Moda Sostenible aborda los daños de la ‘moda rápida’”– nos recordaba que “la Tierra provee lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada persona, pero no la codicia de cada persona”. Y modeló el consumo mínimo que pidió a los demás en su propia vida. A su muerte, tenía dos trajes de algodón hilado a mano, que hizo él mismo en una rueca, y un par de sandalias.

No tenemos que ser tan frugales como Gandhi, pero necesitamos reducir sustancialmente nuestro consumo y aumentar nuestra autosuficiencia si queremos tener alguna oportunidad de preservar una biósfera que sostenga la vida de poblaciones viables de todas las especies.

Los activistas deben tener el valor de actuar y luego difundir este mensaje a todo el mundo (especialmente en el mundo industrializado): no perder el tiempo pidiendo a agentes de élite, como los gobiernos, que apoyen el cambio a las energías renovables o que dejen de luchar en guerras para robar recursos.

Si queremos luchar eficazmente para preservar la biósfera, debemos hacerlo estratégicamente.

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Robert Burrowes, Ph.D. es miembro de la Red TRANSCEND para la Paz, el Desarrollo y el Medio Ambiente y tiene un compromiso de vida para entender y poner fin a la violencia humana. Se ha realizado una amplia investigación desde 1966 en un esfuerzo para entender por qué los seres humanos son violentos y ha sido un activista por la noviolencia desde 1981. Es autor de Why Violence? Websites: (Charter)  (Flame Tree Project)  (Songs of Nonviolence) (Nonviolent Campaign Strategy) (Nonviolent Defense/Liberation Strategy) (Robert J. Burrowes) (Feelings First) Email: flametree@riseup.net

Este artículo también está disponible en Inglés.

Traducido del inglés por María Cristina Sánchez.

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